Educadora, migrante y autora, su recorrido une más de tres décadas de vocación profesional, memoria, raíces, fe y experiencias de vida que encontraron en la escritura una nueva forma de permanecer y convertirse en legado.

María Esther Polanco de Tena nació en Venezuela y construyó gran parte de su vida alrededor de la educación, el acompañamiento y el desarrollo humano. Psicopedagoga, especialista en educación especial y discapacidad intelectual, con formación en Gerencia Educativa, dedicó más de tres décadas a la docencia y al trabajo con personas, experiencias que marcaron profundamente su manera de observar el mundo, comprender las emociones y valorar las historias que cada ser humano lleva consigo.
Hija de un emigrante gallego, creció también atravesada por el vínculo con las raíces, la memoria familiar y el sentido de pertenencia. Años más tarde, la migración volvería a ocupar un lugar importante en su propia vida cuando se estableció en España, donde reside desde 2016. Ese tránsito entre Venezuela y España, entre el lugar de origen y el territorio elegido, se convirtió con el tiempo en una fuente de reflexión sobre la identidad, la nostalgia, los afectos y aquello que permanece vivo aun cuando cambia el paisaje.
Su relación con la escritura nació mucho antes de convertirse en autora publicada. La lectura, las historias de vida, la poesía y la posibilidad de expresar emociones a través de las palabras fueron acompañándola durante distintas etapas. Con la jubilación llegó también un tiempo diferente: la oportunidad de mirar hacia atrás, ordenar recuerdos, reconocer experiencias y transformar en escritura aquello que durante años había permanecido guardado.
En 2024 publicó Girasoles bajo el nombre de Esther Pol, una obra de carácter autobiográfico en la que comenzó a compartir vivencias vinculadas con la familia, la fe, las pérdidas, la adversidad, el perdón y la capacidad de reconstruirse. Aquella publicación representó un primer paso visible dentro de una vocación que continuaría creciendo y tomando nuevas formas.
Su escritura nace de la necesidad de conservar la memoria, comprender lo vivido y encontrar palabras para experiencias que muchas veces resultan difíciles de nombrar. La familia, la migración, el amor, la pérdida, la enfermedad, la espiritualidad, la esperanza y el paso del tiempo aparecen como territorios recurrentes de una voz que observa la vida desde la sensibilidad y la experiencia.
Con los años, María Esther comprendió que escribir no era solamente recordar, sino también dejar una huella. La palabra se convirtió para ella en una forma de reconocerse, compartir lo aprendido y transformar la experiencia personal en un puente hacia otros. Desde esa búsqueda surge una nueva etapa de su camino autoral: la decisión de escuchar con mayor atención una voz poética que había estado presente durante mucho tiempo y que finalmente encontró su espacio para ser compartida.

La mujer de los sesenta que quiso ser poeta:
La mujer de los sesenta que quiso ser poeta es un poemario autobiográfico e íntimo en el que María Esther Polanco de Tena transforma una vida de recuerdos, pérdidas, afectos, raíces y aprendizajes en una voz poética que finalmente encuentra su lugar.
La obra nace de una certeza sencilla y poderosa: nunca es demasiado tarde para reconocer una vocación, volver sobre la propia historia y darle una nueva forma a través de las palabras. Después de décadas dedicadas a la educación, la familia, el acompañamiento y el desarrollo humano, la autora abre un espacio para escucharse a sí misma y convertir en poesía aquello que había permanecido durante años en la memoria.
A lo largo del libro, María Esther recorre distintos territorios emocionales: el despertar de una voz que busca nombrarse, las raíces familiares y migrantes, los vínculos que dejan huella, el amor, la enfermedad, la pérdida, aquello que duele en silencio, la mirada sobre un mundo también atravesado por el sufrimiento y, finalmente, la luz que permanece cuando la vida obliga a recomenzar.
Venezuela y España aparecen como geografías afectivas que dialogan entre sí, unidas por la memoria, la nostalgia y el sentido de pertenencia. La fe, la oración y la espiritualidad ocupan también un lugar esencial dentro de este recorrido, acompañando los momentos de dolor, esperanza y transformación.
Más que una recopilación de poemas, La mujer de los sesenta que quiso ser poeta es el testimonio de una mujer que decide reconocerse desde otro lugar. En sus páginas, la poesía se convierte en memoria, refugio, búsqueda y legado; una forma de mirar hacia atrás sin quedarse detenida en el pasado y de descubrir que cada etapa de la vida puede
La historia de María Esther Polanco de Tena recuerda que una vocación puede acompañarnos durante años antes de encontrar la forma exacta de manifestarse. A veces, la vida nos pide primero cuidar, enseñar, sostener, migrar, atravesar pérdidas, reconstruirnos y aprender a mirar nuestra propia historia con otros ojos.
Y entonces llega un momento en el que aquello que parecía haber esperado demasiado tiempo comienza a reclamar su lugar.
Escribir, crear, comenzar de nuevo o reconocerse en una versión distinta de uno mismo no pertenece únicamente a la juventud ni a una etapa específica de la vida. También puede surgir después de décadas de experiencias, cuando la memoria tiene más profundidad, las preguntas son otras y la voz propia ya no necesita parecerse a ninguna otra.
El recorrido de María Esther invita a recordar que siempre puede existir una nueva página. Que lo vivido no necesariamente queda atrás: también puede convertirse en sentido, en creación y en legado.
A veces, encontrar la propia voz no significa descubrir algo completamente nuevo, sino atreverse a escuchar aquello que llevaba toda una vida esperando ser nombrado.
