Una historia personal que encontró en la escritura una forma de hacerse visible
Mónica L. Mayorquín García es autora de No estoy enojada, una obra nacida de su experiencia como madre de una niña diagnosticada con autismo severo y de los aprendizajes, dificultades y emociones que han acompañado a su familia a partir de esa realidad.
Su recorrido hacia la escritura está profundamente unido a una experiencia que transformó su vida. Recibir un diagnóstico, aprender a comprender una manera diferente de relacionarse con el mundo y enfrentarse al desconocimiento o la falta de empatía de otras personas puede modificar también la vida de quienes acompañan diariamente a una persona con autismo.
Mónica conoce de cerca ese camino.
En su relato aparecen el aislamiento, la impotencia, el cansancio y el dolor que puede producir sentirse incomprendida, pero también la necesidad de dejar de permanecer en silencio y comenzar a expresar aquello que muchas familias necesitan que los demás comprendan.
Su escritura surge precisamente desde allí: desde la experiencia cotidiana y desde el deseo de recordar que detrás de cada diagnóstico existen personas, familias, vínculos, esfuerzos y emociones que también forman parte de la historia.
Más que hablar desde la distancia, Mónica escribe desde aquello que ha vivido. Su voz busca acercar al lector a una realidad que muchas veces se observa desde afuera, invitándolo a reemplazar los prejuicios por comprensión y la indiferencia por una mirada más empática.
Cuando explicar también se convierte en una forma de acompañar
Una de las preguntas que da sentido a su obra es directa:
¿Por qué parece que los padres de un hijo con autismo siempre están enojados?
Mónica parte de esa percepción para mostrar todo aquello que puede existir detrás de ella.
Muchas familias atraviesan comentarios, miradas, dificultades de inclusión y situaciones cotidianas que pueden resultar profundamente dolorosas. Frente a ellas, el aislamiento puede aparecer inicialmente como una manera de protegerse. Sin embargo, guardar durante demasiado tiempo la impotencia, el resentimiento o la tristeza también puede aumentar la sensación de soledad.
Por eso Mónica propone otra posibilidad: hablar.
Hablar para explicar que existe una realidad diferente. Hablar para decir que ciertas palabras lastiman. Hablar para reclamar espacios de inclusión. Hablar para recordar que expresar dolor o cansancio no significa necesariamente estar enojado.
Desde esa mirada nace una escritura sencilla, cercana y construida desde la experiencia personal, que busca acercar mundos que muchas veces permanecen separados por el desconocimiento.
Su propósito no parte de ofrecer respuestas universales sobre el autismo, sino de compartir una parte de aquello que ella misma ha aprendido y vivido como madre.
No estoy enojada: una historia contada desde el corazón
No estoy enojada reúne una parte de las experiencias que Mónica L. Mayorquín García ha atravesado como madre de una niña con autismo severo.
La autora presenta el libro como una obra breve, escrita con un lenguaje sencillo y narrada desde el corazón. En sus páginas comparte algunas de las aventuras y dificultades que han acompañado a su familia, mientras intenta acercar al lector a una realidad que muchas veces es interpretada únicamente desde lo que se observa externamente.
El libro parte de una pregunta que cuestiona un prejuicio frecuente: la idea de que los padres de niños con autismo viven permanentemente enojados.
Detrás de aquello que puede percibirse como enojo existen, según el recorrido que plantea Mónica, emociones mucho más complejas: impotencia, tristeza, preocupación, cansancio y la necesidad de proteger a quienes aman frente a situaciones de incomprensión o falta de inclusión.
A partir de su experiencia personal, la autora introduce también al lector en algunas características del autismo y en las diferentes necesidades de apoyo que pueden presentar las personas dentro del espectro, con el objetivo de ofrecer contexto a quienes conocen poco sobre esta realidad.
Sin embargo, el corazón de No estoy enojada se encuentra en otro lugar: en la necesidad de ser escuchados.
Mónica escribe para recordar que las familias también atraviesan un proceso de aprendizaje; que acompañar a una persona con necesidades importantes de apoyo transforma rutinas, vínculos y expectativas; y que una sociedad más inclusiva comienza cuando aprendemos a mirar aquello que desconocemos con mayor empatía.
La obra se convierte así en un testimonio personal y en una invitación a comprender que detrás de una reacción, un silencio o una familia que decide alejarse durante algún tiempo puede existir una historia que todavía no conocemos.
“Aquí estamos. Existimos. Nos duele, nos lastima la falta de inclusión, pero eso no significa que estamos enojados”.
Esa idea resume buena parte de la intención que atraviesa el libro: hacer visible una experiencia que merece ser escuchada antes de ser juzgada.
Una voz que continúa encontrando nuevos espacios
La trayectoria autoral de Mónica continúa desarrollándose a través de nuevos espacios de encuentro, comunidad y difusión.
Forma parte de la Comunidad de Escritores Exitosos de Editorial Somos Freelancers y participa activamente en actividades vinculadas con autores, promoción literaria y construcción de comunidad.
En diciembre de 2026 dará además un nuevo paso en su recorrido con su participación en Historias que dejan huella II – Guadalajara, experiencia internacional de Editorial Somos Freelancers desarrollada en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2026.
Mónica presentará No estoy enojada el sábado 5 de diciembre a las 17:30 h, dentro del espacio de Editorial Somos Freelancers en el Pabellón Argentina.
Su presencia en Guadalajara permitirá que una experiencia nacida en el ámbito más íntimo de una familia pueda llegar a nuevos lectores y convertirse en una oportunidad para conversar sobre empatía, inclusión y aquello que muchas familias necesitan que la sociedad comprenda.
Porque una historia personal también puede transformarse en un puente.
Y cuando alguien decide contar aquello que durante mucho tiempo permaneció en silencio, puede ayudar a que otras personas se sientan menos solas y a que quienes observan desde afuera aprendan a mirar de una manera diferente.

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